22. Argentina: Primera ley de fertilización asistida en América Latina

La noche del 5 de junio Laly se recostó en su cama y abrazó a Eli, su pareja, que ya estaba dormida. “En aquel momento, pensé que finalmente un sueño estaba ya cerquita de cumplirse: tendríamos la opción de ser mamás, de tener nuestra familia, de finalmente poder comprar esos juguetes que vemos en la vidrieras y que decimos ’sería lindo comprarlo si tuviera mi hijo/a’, relata Laly. Ellas en realidad no se llaman Laly ni Eli, pero prefieren esos nombres para este relato. Viven en pareja hace ocho años y desean ser madres desde hace cuatro. Pero acceder a los tratamientos de fertilización asistida era una posibilidad para un sector minoritario de la sociedad, en el que no estaban incluidas, hasta que el 5 de junio, el Poder Legislativo Nacional lo convirtió en ley. Desde ahora está incluido en el Programa Médico Obligatorio -PMO- de todo el sistema de salud del territorio nacional. Además, abarca a todas las personas mayores de edad, mujeres solteras y homosexuales. La votación se realizó en la Cámara de Diputados de la Nación y se trata de un paso legislativo que es resultado de una larga batalla que, por 27 años, han protagonizado diversas ONG: Súmate a Dar Vida, Concebir, Les Madres. Con la aprobación de esta norma, Argentina se convierte en el primer país de Latinoamérica que contempla en su PMO la fertilización asistida.

Como antecedente, existe una ley similar aprobada en la provincia de Buenos Aires, hace dos años. Esa normativa provincial contempla a parejas de 30 a 40 años y otorga cobertura hasta para dos intentos de fertilidad asistida. En la reciente ley nacional no se contempla la cantidad de intentos. También la nueva legislación aclara que el Estado garantiza el derecho a la reproducción asistida con técnicas de alta y baja complejidad, así como al diagnóstico, provisión de medicamentos y terapias de apoyo. La nueva norma es muy clara respecto a que se evitará “requisitos o limitaciones que impliquen la exclusión debido a la orientación sexual o el estado civil de los destinatarios”. Se detalla, además, que entre las prestaciones se contemplarán “los servicios de guarda de los gametos o tejidos reproductivos para aquellas personas, incluso menores de 18 años de edad que, por problemas de salud o por tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas, puedan ver comprometida su capacidad de procrear en el futuro”. También manifiesta que la cobertura deberá adecuarse a los avances científicos futuros, que puedan superar las actuales técnicas de inseminación artificial y fecundación in vitro. Se incluyen los procedimientos y técnicas definidos por la Organización Mundial de la Salud: inducción de ovulación, estimulación ovárica controlada, desencadenamiento de la ovulación, técnicas de reproducción asistida, inseminación intrauterina, intracervical o intravaginal, con gametos del cónyuge, pareja conviviente o no, o de un donante. Informes de la Sociedad Argentina de Esterilidad e Infertilidad indican que la tasa de infertilidad en el país oscila entre 15 y 20 por ciento. Según esa institución, en la actualidad se busca el primer embarazo pasados los 30 años y cada vez son más las personas que optan por algún tipo de fertilización asistida. Hoy el término familia es poliforme, pues estos grupos humanos existen de diversas maneras y traspasan el modelo más clásico y hegemónico de madre, padre y descendencia, sostienen especialistas. En la actualidad, y ante la ruptura de algunos paradigmas, el concepto familia se somete a la elasticidad que contemplan hogares constituidos por dos padres, o por dos madres como Laly y Eli, quienes manifiestan ante esta periodista que quieren ser las “próximas mamis”. Con la fertilización asistida se produce otra ruptura en las lógicas binarias: en este caso, la dupla: coito/ reproducción se pone en jaque. “Para el género femenino satisfaría la aspiración máxima del poder originario: tener un hijo por sí sola, sin participación del hombre”, refieren los psicólogos Gloria Barros y Carlos Pachuk, co-autores del libro Los hijos de la fertilización asistida, junto a la reconocida psicóloga feminista Eva Giberti.

Voces

Tras la aprobación de la ley, no pocas voces se hicieron escuchar y dieron su apoyo a la nueva norma. La Jefa del Bloque del Frente para la Victoria, la diputada Juliana Di Tullio, manifestó que esta ley “da la bienvenida a las mamás y los papás del futuro” y les presenta “un país diferente, con nuevos derechos”.

“Cuando le damos un derecho a una minoría, hacemos una Argentina más justa e igualitaria; es una ley que piensa en el futuro”, subrayó. Para Florencia Gemetro, de Les Madres, la ley es “un paso más en el camino de la igualdad de derechos. Que todas y todos tengamos acceso a las técnicas, y no solo quienes pueden pagarlo, implica considerar la maternidad y la paternidad como un derecho y dejar en claro que la salud no puede ser un negocio”, sostuvo ante periodistas. En tanto, la voces en disidencia no solo llegaron por la parte de los servicios pre pagos de salud (medicina privada), que deberán hacerse cargo de los costos de tratamiento para sus pacientes. En las redes sociales hubo quienes se expresaron en contra. Una de las usuarias de Facebook apuntó en su muro que la norma aprobada “demuestra el egoísmo de una gran parte de la sociedad, ya que parecen no tener en cuenta a miles de niños y niñas que esperan ser adoptados y formar parte de una familia”. Por su parte, la Iglesia Católica Argentina, a través del cura Rubén Revello, cuestionó la nueva ley nacional y se refirió, particularmente, a que estos métodos implican “la pérdida de embriones” y que estos “no son un simple cúmulo de células que se utilizan, seleccionan y descartan”, sino que son “vida humana”. La periodista y feminista Marcela Espíndola sostuvo también en Facebook que “ser madre no solo es engendrar un/a hijo/a; sino que es mucho más. Tuve la suerte de elegir tener a mis hijos, pero lo que menos recuerdo es el embarazo. Tengo en mi memoria sus primeras palabras, sus primeros pasos”, describe. Desde una óptica feminista, Espíndola subrayó que “socialmente/culturalmente a las mujeres nos criaron para ser madres, y la que no lo es, o no puede ser, carga inútilmente con una presión personal y social terrible. Los/as hijos/as no te completan; eso nos hicieron creer. Con la fertilización asistida se somete al cuerpo a los múltiples procedimientos y las que cargan con la presión son las mujeres. Me parece cruel. Aunque sí creo que es muy positivo para las parejas de mujeres homosexuales que desean tener hijxs”, consideró.

Fuente: Ameco Press/Semlac.



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